jueves, 20 de diciembre de 2012

Artículo en exclusiva de Carlos Martínez-Cava para La Clave Cultural


 




NO HE DE GUARDAR SILENCIO

La dispersión de empeños, el silencio de los disidentes o la elección equivocada en su posicionamiento, ha llevado a muchos españoles muy sensibles con la crítica situación nacional a una esterilidad política  todavía no fructificada.

Algún día, sociólogos o psicólogos de masas deberán preguntarse cómo fue posible que en un escenario de seis millones de parados, más de nueve millones de pobres y fractura territorial, no se alzaran voces autorizadas en España con la suficiente fuerza como para cuestionar todo el entramado surgido en 1978.

Curiosamente, como si de un ejercicio de exorcismo interior se tratara, se hacen públicas las palabras de protagonistas de entonces. Otero Novas, por un lado, Muñoz Machado por otro. Ambos van haciendo público como fue posible resquebrajar lo que parecía firme. Y, ambos, en ese camino que llega hasta hoy, advierten como el viejo marino de Julio Verne que gritaba "¡Maelstrom!", que estamos al borde mismo del colapso y naufragio.

Más no vendrá de ellos la solución. Como tampoco llegara de banqueros reconvertidos a profetas mediáticos. Esta vez es la hora del Pueblo. Y la hora de quienes han guardado silencio pese a llevar consigo un caudal de ideas que no han sido, todavía, confrontadas.

Estos días atrás. En todos estos días transcurridos desde que "España Defendida" vio la luz, he podido visualizar a quienes importa España y a quienes duele la ausencia de Justicia. Lejos de constituir grupos homogéneos, en mi recorrido expositivo de los textos que conforman ese ensayo, he ido descubriendo cristianos de izquierdas - de aquella izquierda anti franquista educada en torno a un Tierno Galván o de un disidente Ridruejo; a personas aisladas en territorios confundidos por el fantasma identitario y secesionista; a jóvenes decididamente anti sistema no casados con ninguna opción ; a falangistas sin falange, decididamente apartados de toda nostalgia estéril. Nada en común entre ellos, ni por sus orígenes económicos, familiares o sociológicos.

Advertí que no será del español "instalado" de donde venga la reacción, la protesta o el llamamiento a la viraje profundo. No será de esos seguidores de la partitocracia que acuden, cada cuatro años a una cita con las urnas tan estéril como inútil.

Todo ese conjunto de náufragos que descubrí, habrán de unirse por encima de orígenes y antiguas pertenencias ( a veces, ninguna ) en un barco que todavía esta por construir y ser fletado. Tengo presentes, siempre, aquellas palabras de resonancias kennedyanas que nos llamaban a la unión en momentos de grave crisis nacional.

No podemos apelar sólo a la Nación, ni sólo a situaciones de injusticia social. Se apelará a la Comunidad soberana como única fuerza capaz de romper el nudo gordiano que constituyen las autonomías, los partidos, la ley electoral, la organización del trabajo, y nuestra relación misma con Europa.

Ya no es momento de análisis periodísticos o crónica política. Es la hora de recomponer los fragmentos de la espada del Almirante Cervera, hundidos en la Bahía de Santiago de Cuba y hacerlos brillar al nuevo Sol.

Vamos a cuestionar ese sistema del 78. Vamos a pasar del silencio a la propuesta inteligente activa y resuelta. Sin más bandera que la común que nos hermana.

Toda la crítica a la ausencia de representación política de movimientos como el 15-M, al dominio del poder financiero sobre las decisiones; todo ese entramado elaborado para desunirnos como Nación propio de los defensores de las taifas autonómicas  ; toda forma de propaganda del odio y la mentira sobre nuestro origen y nuestro caminar en la Historia...todo eso va a tomar forma de un movimiento que va a enfrentarse al artificial montaje impuesto a los españoles.
Jóvenes condenados al desempleo o al trabajo esclavo. Desahuciados. Españoles discriminados y atemorizados. Familias que no pueden serlo. Expoliados por los impuestos o por las tasas. Pero sobre todo y por encima de todo, españoles dolientes de serlo.
Nuestra Nación ni ha muerto ni es una invención de gobernantes cercanos.
No más política que aquella que lo sea para el Bien Común.
No más patriotismo que aquel que nos hermana en la solidaridad real de la justicia social.
Defenderles es afirmar nuestro sentido en esta tierra y esta vida.
Seguir silentes es tener la peor de las muertes posibles.

Carlos Martínez-Cava Arenas

martes, 18 de diciembre de 2012

INTERVENCIÓN EN VIDEO DE AQUILINO DUQUE EN EL ACTO HOMENAJE A DIONISIO RIDRUEJO




http://laclavecultural.blogspot.com.es/2012/11/resena-de-la-conferencia-las-campanas.html

viernes, 14 de diciembre de 2012


"Las verdades del pasado nos permiten comprender y desenmascarar las mentiras del presente y reconstruir nuestro futuro".
Son palabras del autor de este interesante libro Enigmas y misterios de los Almogávares", Guillermo Rocafort.

CRONICA DE LA PRESENTACION DE "ESPAÑA DEFENDIDA"

En el magnífico escenario del salón principal de la Fundación Madariaga tuvo lugar el día 13 de Diciembre la presentación del libro de Carlos Martínez-Cavas Arenas, "España Defendida"



La presentación de los conferenciantes corrió a cargo de Eusebio León de la Asociación Cultural Ademan, quien dió paso al militar retirado d. Juan María del Pino, Vicepresidente de FECAPA el cual repasó los mejores momentos del libro en cuestión.

Juan María del Pino acompañando al autor
Aspecto del salón principal
 Numerosas personalidades de la cultura y los medios de comunicación hispalenses, así como de otros ámbitos, escucharon con atención las tesis del abogado madrileño que brillantemente y con un lenguaje sencillo y renovado diseccionó los principales males que afectan a nuestra nación, exponiendo a su juicio las posibles soluciones.
Posteriormente se entabló un interesante debate con los asistentes que mostraron un vivo interés por la situación de inestabilidad político, económica y moral que vive España.

Carlos Martínez-Cavas Arenas

 Al terminar el acto, el numeroso público asistente adquirió casi toda la remesa de libros, pasándolo a la firma del autor quién departió amablemente uno por uno con los asistentes.
Desde aquí dejamos constancia de nuestro agradecimiento a la Fundación Madariaga que amablemente acogió este acto y a todos los asistentes al mismo.
ADEMAN

'Mártires por la FE' nuevo libro de Fernando de Artacho


(Reproducimos el texto de la invitación remitida)

Guadalturia Ediciones tiene el placer de invitarle a la presentación del libro

Mártires por su Fe
durante la Guerra civil, 1936

de Fernando de Artacho

que estará a cargo del
Doctor don José Domínguez León, Profesor de Historia Contemporánea.
ediciones
Guadalturia
Fernando de Artacho quiere, con este libro, hacer justicia a
quienes dieron testimonio de Cristo hasta las últimas consecuencias

Lugar: Círculo Mercantil (C/ Sierpes, 65. Sevilla)
Día: Miércoles 19 de Diciembre de 2012
Hora: 20,30 h

Eugenio D'Ors. Un catalán olvidado (José María García de Tuñón en diarioya.es)





(José María García de Tuñón Aza)

Había estado leyendo hacía unos días a Eugenio d’Ors. Leí un libro que se publicó en Buenos aires en el año 1941 con el título, «Introducción a la vida evangélica. Cartas a una soledad», donde, quien lo haya leído recordará que hace alusión, en la primera página, a la frase de Santa Teresa, «Sólo Dios basta», y que d’Órs añade: «No, no es cierto que sólo Dios baste. Así piensan erróneamente los deístas. Tal vez los protestantes. Pero, éstos la proclamación de su recelosa exclusividad la compensan al menos con un cultivo apasionado de la presencia real de Cristo; y ello, hasta evaporar en su representación, la condición histórica. ¿Cabrá, sin embargo, apropiarse personalmente al Hijo mejor que el Padre?». Bien, ahora no trato de escribir ninguna crítica al libro pues después de tantos años de su edición me imagino que se habrán publicado muchas. Sólo quiero referirme a unas palabras que su biógrafo, Antonino González, ha escrito en su obra «Eugenio d’Ors. El arte y la vida» publicado hace un par de años. Opina Antonino González que sobre la figura de d’Ors «estamos asistiendo en los últimos tiempos a un creciente interés por su pensamiento de lo que es prueba la avalancha de reediciones de sus obras en diversas editoriales están llevando a cabo». Si bien hay que respetar todas las opiniones, creo que el autor de estas letras exagera un poco. Habría que preguntar cuántos estudiantes conocen a este también poeta, esto es, un creador, como muy bien lo califica el doctor en Filosofía, mi buen amigo el catalán Manuel Parra Celaya. Sería mejor decir, creo, que d’Ors está en el recuerdo de algunos y en el olvido de los más. Incluso su pasado falangista todavía cuenta para tenerlo relegado. O si se quiere, un escritor que está mal «plantado», en la cultura de hoy, a pesar de ser el autor de «La Bien Plantada» que es, entre otras cosas y como dice meu bon amic, «el símbolo de esa elegancia que guió toda su obra».


(Eugenio D'Ors dibujado por Ramón Casas)

 Se podían añadir más comentarios o puntos de vista sobre el silencio a que se ha sometido la obra de Eugenio d’Ors. Por ello,  no me resisto a añadir ni pasar por alto lo que un día  Pablo d’Ors, nieto del filósofo y poeta, escribía en el suplemento cultural Blanco y Negro del diario ABC, en el que hace referencia a que quizá fuera él como una reliquia del pasado, una especie de caballero medieval, obcecado, como don Quijote, .por defender un nombre y un ideal, un castillo, una idea, Ser d’Ors era para él eso; un horizonte, una consigna, una fortaleza. No es casual que lo considerase así. Ha habido demasiados ataques para que no lo considerase así. Por de pronto el nombre de su abuelo, Eugenio  –el ingenio de esta corte, ya caduca– , había sido sistemáticamente borrado de las enciclopedias y de los manuales escolares y universitarios de lengua y literatura españolas. También, como es natural, el de su obra, casi infinita. Y sublime. Se tomó la molestia de cotejar muchos de esos manuales colegiales, los que van desde la época así llamada nacional-católica hasta los de actualidad. Y comprobó con pesar cómo las muchas páginas dedicadas a su abuelo pasaban a ser pocas, y cómo pocas se degradaban hasta convertirse en muchas líneas, pero de una sola página, y cómo esas muchas líneas, ¡ay!, se transformaban en pocas, y esas pocas en tres, dos, una, ninguna. Y terminaba con estas duras palabras: «Nada. Eugenio d’Ors ya no existe en la mayoría de las historias de la literatura. Ni siquiera los catalanes, la puerta española hacia Europa, le mencionan. Los catalanes son los peores de todos, interesados, oportunistas, frívolos con avaricia, y por eso los odio con todo el odio que cabe en mi alma catalana, que es mucho».
                                                                            

Eduardo López Pascual escribe sobre 'Surcos'


Radiografía de un tiempo



(Eduardo López Pascual -*-)

Hace unos días  vi una película rodada justo sesenta y un años atrás. en 1951, lo cito solo para que tengamos en cuenta la fecha en que se hizo,  pleno régimen franquista, pero cuando todavía subsistía una referencia falangista, netamente falangista, comprometida con esa “revolución pendiente” que es verdad que tiene una crítica irónica, pero que sinceramente estuvo presente en la conciencia y en la emoción de muchos falangistas. La película se llama Surcos, y fue escrita por un director falangista -Jose Antonio Nieves Conde-, y escrita por autores falangistas como Gonzalo Torrente Ballester y Eugenio Montes, que desde la crudeza de sus imágenes, de la compleja situación de la sociedad de aquellos años, con las verdades de la España de los años cincuenta – pobreza, emigración, carencias no ocultadas-, - nos ofrece una muestra auténtica de un magnífico cine, que nos da un testimonio valiente y audaz de las condiciones reales de los españoles.


             Habría que decir entonces, que Surcos, desmonta – desde aquel mismo decenio, casi recién salido de la IIª Guerra Mundial y un aislamiento internacional, la idea de un desierto cultural y artístico o la de un encogimiento absoluto de sumisión intelectual al poder político. Lo había, claro, como ahora también se dice de artistas y escritores de vivir a costa de lo políticamente correcto; entonces también lo había, pero evidentemente quien conoce en serio la historia de esos años sabe perfectamente que hubo quienes desde su independencia, personal y artística, crearían obras de indudable calidad.  El cine nos da ejemplos irreversibles porque “Surcos” no es una obra aislada y casual, sino producto de una sensibilidad presente. Recodemos, a efectos de resumen, películas como Rojo y Negro, de Carlos Arévalo, Balarrasa, también de Nieves Conde, Bien venido Mister Marshall, de García Berlanga, Historias de la Radio de Sáez de Heredia, todos falangistas, entre otras y otros que podemos enumerar sin caer en el aplauso irracional, pero que demuestra palpablemente como la Falange, se quiera reconocer o no-, mantuvo una actitud muy comprometida con la preocupación de justicia social y la vocación cultural y artística.
                    Alguien habría dicho, con cierto retintín, como se pudo hacer una película como Surcos, o anteriormente Rojo y negro, - por ejemplo-, pero esto no deja de ser más que una pose hecha para desacreditar a una opción ideológica, pero la historia es como es y no como la pretenden manipular; lo cierto es que incluso en esos tiempos tan controvertidos, y difíciles, es verdad-, la Falange dio autores y obras de magnífico nivel de calidad y prestigio desde una convicción que desafió normas y reglamentos. Quizá no desearían que así fuera, más sus nombres y sus títulos están ahí, de forma que para mí, el  repaso a una cinta como Surcos, en los comentarios de catedráticos, escritores y sociólogos que pudimos escuchar, me han reconfortado porque al fin, la verdad se abre camino, la calidad prevaleces sobre la manipulación y hoy, a través de ese programa de televisión, se reconoce una verdadera obra cinematográfica, hecha por falangistas, de lo que uno se siente orgulloso. Las secuencias del campesino en la fragua, el emigrante ante las puertas del cuartel, la perversión de la chica del pueblo, prueban una vez más, que se hizo un buen cine, un magnífico cine, digan lo que digan.

(*) Eduardo López Pascual es escritor y profesor de Literatura


Rosa García Perea debuta como novelista


domingo, 2 de diciembre de 2012

Nuevo acto de ADEMAN y Fernando III: Presentación en Sevilla de ESPAÑA DEFENDIDA de Carlos Martínez-Cavas Arenas

Estimado/a migo/a de ADEMÁN:



La oportuna publicación del libro ‘La España defendida’ de Carlos Martínez-Cava coincidiendo con el desafío secesionista de parte de la clase política catalana nos ha animado a invitar al autor a presentar su obra. Es una oportunidad para debatir con él junto con vosotros y otros representantes de la sociedad civil sevillana.

Será el próximo 13 de Diciembre a las 20:00 horas en el marco acogedor de la Fundación Valentín de Madariaga.

Posteriormente tendremos oportunidad de desearnos una Feliz Navidad y próspero año nuevo.

Ninguno de nuestros eventos se justifican sin el interés de nuestros asociados y amigos. Por esa razón no sólo te animamos a asistir sino también a reenviar esta invitación a tus contactos y amigos.


Prada en Sevilla hallando a la División Azul, al fin


martes, 20 de noviembre de 2012

Camisas viejas, descamisados nuevos

En el día del 76 aniversario del fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en Alicante, publicamos este artículo del insigne escritor sevillano Aquilino Duque.
A. C. Ademán.
De José Antonio a Dionisio Ridruejo: homenaje Por Aquilino Duque
Copiado de: El manifiesto.com
Yo no voy a repetir lo que ya escribí en su día sobre Dionisio, tanto en prosa como en verso, por no hablar de las cartas que le mandé, que fueron algunas, o de las conversaciones, que fueron bastantes. Cuando publicó Escrito en España, en Argentina si mal no recuerdo, me decía en Madrid que con aquel libro pretendía algo así como echarle un pulso al régimen. El régimen podía impedir la publicación de un libro, pero no su difusión, y de la difusión de escritos como el de Ridruejo fuimos muchos los que nos ocupamos por activa o por pasiva.
Lo que Ridruejo pretendía con aquellos escritos tan inofensivos era lo mismo que otros buscaban con la acción directa. Uno que fue cocinero antes que fraile, Pío Moa, no tiene empacho en confesar que el propósito de él y sus amigos era que el régimen que blasonaba de paternalista no tuviera más remedio que mostrarse represivo. Hay que decir que éstos consiguieron lo que no consiguió Ridruejo ni conseguimos los que le seguíamos, aunque fuera a distancia. El régimen que templaba gaitas con la disidencia teórica no se anduvo con contemplaciones a la hora de hacer frente a la subversión práctica y procuró dar al terrorismo su merecido, aunque sólo fuera por asegurar la libertad y la seguridad de los que no estaban por la labor, que eran la inmensa mayoría de la nación.
La pluma y la bomba
En aquellas calendas, yo ejercía la disidencia desde la barrera, es decir, desde Ginebra, como por otra parte mi compadre Valente (llevé a la pila a una hija suya en representación de Vicente Aleixandre), y desde allá escribíamos versos mortíferos que publicábamos en “el interior” sin mayores dificultades. Unos eran más mortíferos que otros, desde luego, y cuando a Valente le publicaron los de la Revista de Occidente su libro La memoria y los signos, incluyó en él una elegía al poeta brigadista John Cornford que no le gustó a Robles Piquer, entonces al frente de la Censura, aunque no la prohibió, y una especie de sátira de la no violencia que no le pareció bien a Aleixandre, que vivía en Madrid, ni tampoco a mí y eso que vivía en Ginebra.
Con tiempo y democracia, el terrorismo lograría en “el interior” la respetabilidad de que ya gozaba en las naciones “civilizadas” y la Historia les daría la razón a los poetas que habían procurado hacer con sus plumas lo que los terroristas con sus bombas. Nada más lógico pues que en una España así, en una España de valores invertidos, se permita un currinche del estado mayor de la envidia –Ortega dixit– tratar de loco a Dionisio o a José Antonio, qué más da.
En vísperas de una Feria del Libro, me llamaron de un diario sevillano para que recomendara un título cualquiera y, sin pensarlo dos veces, recomendé Canciones, del poeta jerezano José Mateos. Me dijeron que ése ya lo habían recomendado otros y repliqué que el mío era un voto más a su favor. No valió mi argumento, pues preferían que cada entrevistado recomendara un libro distinto. “Pues entonces voy a recomendar un libro que con toda seguridad nadie ha recomendado: las Obras completas de José Antonio Primo de Rivera”. – “Sí, desde luego que nadie ha recomendado ese título, y ¿nos puede decir en pocas palabras los motivos de su recomendación?” – “Pues porque su lectura haría mucho bien por la salud moral de un país que está muy necesitado de ella, y porque en ella aprenderían los españoles de hoy algo que no se encuentra por ninguna parte, a saber: limpieza de prosa y claridad de ideas.”
Un centenario sordo
Por los mismos días me encontré con un ingenuo que me preguntó si se celebraría con carácter oficial el entonces próximo centenario del nacimiento de José Antonio. José Antonio dio la vida por una España que conciliara la justicia social con el sentimiento nacional, y no tengo la impresión de que estén bien vistas esas cosas por unos políticos de ideas turbias y unos folicularios que, en la feria y fuera de ella, confunden la prosa con la broza.
Ese centenario se celebró por fin sin que muchos que habían hecho carrera con la camisa azul se rebajaran a participar en él, y eso explica que algunos que nunca vestimos camisa alguna, nos sumáramos a los que nunca cambiaron de camisa sin temor a que nadie nos tachara de oportunistas ni de aprovechados y sin otra finalidad que la de honrar con la mejor voluntad la memoria de uno de esos españoles que hacen bueno aquello de que “ser español es una de las pocas cosas serias que se puede ser en el mundo”. Fruto de aquellas jornadas nació un libro que salió adelante entre las reticencias de los medios de confusión escrita y audiovisual y la antipatía o el desdén de la clase política en general y de sus intelectuales orgánicos, tránsfugas en muchos casos de las filas de Falange.
Como botón de muestra, mencionaré al director del Ateneo madrileño, antiguo jefe de centuria, que mandó retirar el retrato de José Antonio, aunque también es justo congratularse de que un notorio ex falangista que culminó su carrera en la presidencia de un sindicato vertical no protestara cuando alguien exhumó un rancio artículo suyo en Arriba sobre su amada –y provechosa- camisa azul, bien guardada en el desván de sus recuerdos o en el armario de sus esqueletos. Espero que por lo menos se tenga en cuenta el valor moral de rendir homenaje a José Antonio en una España que, por activa y por pasiva, reniega de sí misma, y nadie más valeroso que Jaime Suárez que, contra viento y marea y sin el menor apoyo oficial, sacó aquel libro adelante.
Dice Chesterton que “no es casualidad que la palabra “homenaje” signifique en realidad hombría”. “Homenaje”, según Corominas, es palabra que data más o menos de 1140 y procede del occitano antiguo omenatge, que significaba “vasallaje”, el vasallaje que se rinde a la “hombría”, que viene de “hombre”, como omenatge viene de ome. Cuando homenajeamos a alguien nos declaramos en cierto modo sus vasallos, pero al mismo tiempo que nos inclinamos ante su hombría afirmamos la nuestra, no sólo porque reconocemos los méritos de alguien que nos es superior, sino porque al hacerlo de modo libre, nos rebelamos contra eso que llaman la “opinión pública”, por otro nombre “envidia igualitaria”. Sería ingenuo e indecente esperar por ello ningún tipo de reconocimiento.
La filosofía que hay detrás de este concepto del homenaje es la del anónimo Soneto a Cristo crucificado: No me tienes que dar porque te quiera. Con esa idea se ha hecho a lo largo de tres mil años esa España grande que seguirá existiendo cuando nadie se acuerde de los sayones beodos que hoy se juegan a los dados su sagrada inconsutilidad.

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Premio nacional de literaturaAquilino Duque Gimeno, escritor español nacido en Sevilla el 6 de enero de 1931. Licenciado en derecho por la Universidad de Sevilla, amplió estudios en las Universidades de Cambridge (Trinity Hall) y la Southern Methodist University en Dallas, Tejas.
En 1975 fue distinguido con el Premio Nacional de Literatura de España. Anteriormente había obtenido el Premio Leopoldo Panero de poesía en 1968, el Premio Ciudad de Sevilla de novela en 1970 y el Premio Fastenrath de la Real Academia Española en 1972.

lunes, 19 de noviembre de 2012

PRADA ATRAPADO AL FINAL POR SU OBSESIÓN: LA FALANGE


“Volvían con camisas viejas y zurcidas de remiendos, pero la muerte, finalmente, no los había llevado, como a tantos otros que hacían guardia sobre los luceros, impasible el ademán, esperando la resurrección de la carne...”

De Prada hace ya mucho, ese tiempo lejano de afrentas literarias, aún a la sombra de Umbral del que desertó pese a llevarse su “fondo de comercio literario” (en definitiva, un modo casi industrial de hacer metáforas que escandalizaban y de adjetivos truculentos). Así apareció, en el mercado literario, su Coños, ese libro que no se atrevían a pedir en las librerías los casados llenos de escrúpulos e inhibiciones. El más que conservador Ricardo Senabre lo santificaba, y lo pregonaba, y lo exaltaba hasta límites indecorosos, desde su púlpito de cátedra en Salamanca y sobre todo desde su página abierta en el ABC cultural. Fue una obra sin duda bella, distinta, literariamente rompedora aunque le hubiera precedido en esa transgresión el Senos de Gómez de la Serna, aunque éste fuera mucho más edulcorado.

Luego nos llegaron sus relatos de patinadores y silencios en fangos literarios, preludio en alguna zona de la que luego fue la obra en la que ya me desmarqué del autor: Las máscaras del héroe. Ya Prada se comenzó a aproximar frente a frente a José Antonio (siempre José Antonio Frente a frente), algo de él le había dejado embaucado, acojonado (como habría dicho García Serrano) aunque en ese entonces y en esa novela quiso mostrar su acritud y su lejanía, y hasta su chanza (increíble, inverosímil esa escena de José Antonio vestido de smoking con copa de cócktail en la balconada de ABC enconándose con las masas proletarias; ya sé que es literatura, ficción, pero la literatura requiere una realidad que aunque ficcionalizada sea auténtica, y por ende, verosímil).

            En todo caso, hasta esa escena ya digo que inverosímil y opaca del José Antonio con smoking y chulería y todo eso en el paseo de la Castellana de Madrid, me entusiasmó como lector adictivo de todo lo que se refiriera a ese tiempo del que todo el mundo contaba mentiras o escribía con auténtica bellaquería. Luego me alejé de su obra, de la de Prada, claro, y tras el desengaño final de una obra que yo siempre estimé apalabrada con Planeta para un premio, La Tormenta, ya sólo lo seguí alguna que otra vez en prensa cuando iba a casa de mi padre (suscriptor del ABC como sevillano que se precie) con sus colaboraciones extrañas, y yo seguía buscando a veces sus ocurrentes adjetivos, esa herencia de Umbral, pero nada más.

            Hace unas noches mi amigo y conmilitón en ciertas aventuras culturales (decir camarada está mal visto, creo que ya ni la utilizan los compinches de Sánchez Gordillo cuando asaltan y roban supermercados y asustan y acojonan vivas a las chicas de la caja, estos comunistas anclados en lo soviético pero al estilo Chicago, en plan mafioso, lo que nos faltaba por ver), pues este conmilitón –qué coño, camarada- me habló de una última publicación de Prada con un título sugerente: Me hallará la muerte, ya era la tercera vez que se le amputaba al Cara al sol un verso para intitular una obra literaria. Pues este buen amigo, el profesor Cansino, me lanzó sin proponérselo al día siguiente a la librería más cercana a mi casa, la del buen profesor socialista que cuando escribe destroza a las casas del pueblo y los que viven de ellas, qué pena que no hubiera más gente así, profesores así, me refiero.

            Y sigo el consejo del camarada Cansino, ya ni conmilitón ni leches. Y el libro, tomazo de más de quinientas páginas, me va persiguiendo esta semana de viajes. Paro en una venta y mientras como un pepito de ternera leo el tomazo, y el sonsonete de la tele de fondo, mientras Rajoy nos sonríe con sus estafas y Griñán nos engaña con sus mentiras; con el libro a mano siempre, hasta ese café solo en Aguilar de la Frontera (ya sé que es una ordinariez, pero es inevitable echar mano del libro mientras uno disfruta de un cortado aunque sea de máquina); llego a casa y sigo con el libro, me duermo con él, ya son las tantas, menos mal que mañana es sábado.

            Y poco a poco me va deslumbrando lo que voy leyendo. No soy técnico en la materia, ni crítico literario, ni nada que se le parezca. Sólo puedo decir que, en cuanto a la forma, observo al Prada de siempre, con metáforas que ya no me impresionan como a Senabre en ese tiempo. La trama es buena, folletinesca obviamente, que si no, no se entenderían sus más de 500 páginas para vender a granel entre multitud de gente para sacar dinero y que haya negocio.

            Hasta allí todo bien. Pero lo inesperado es comprobar como ese autor que antaño se permitía mofarse de alguna manera de José Antonio (o zaherirle o menospreciarle), y su cocktail en la mano, y su smoking y todo eso, chulo ante las hordas proletarias por La Castellana mientras le increpaban; pues ese mismo José Antonio (ya ni chulo ni bravucón) pasa a ser ahora el referente de toda la novela, el ídolo al que se remitirá el autor muchas veces. En ese entonces del Prada neófito con la pluma, los falangistas eran señoritos chulos y pendencieros (tenía el legado de Umbral aún muy cerca) y ahora hay buenos falangistas, falangistas auténticos, héroes que lloran, héroes que tienen que vivir un destino muy duro, que jamás imaginaron. Por encima del magnífico protagonista central que elige Prada, un pobre golfo desgraciado que ni siquiera es falangista, están otros que ni mucho menos son secundarios, complementan al actor principal hasta hacer posible la fábula. Para mí son la clave de la novela. Con sus grandezas, sus errores y sus miserias.

            Por eso para mí, esta es la novela de los falangistas auténticos que jamás desertaron de su fe. La División Azul es uno de los telones de fondo y allí cuenta el autor todo el heroísmo de que fuimos capaces los españoles. Pero aquella guerra, y esa es otra clave que nos abre Prada para que la meditemos, fue la posibilidad de ese régimen (ya chupóptero, capitalista, corrupto, democristiano, del Opus, todo eso dice Prada o pone en boca de sus personajes) para quitarse de en medio a ese puñado de jóvenes idealistas y enloquecidos que a punto de morir en el frente, o tullidos tras alguna retirada, o de regreso en el Semiramis (ya tan tarde y todos se escondían menos Muñoz Grandes), soñaban con una España azul de justicia para todos que seguramente nunca encontraron. Esa España que aún nos falta. Para mí fue una novela tranxilium.

            Una cosa más: mi alegría tras leer tantas páginas fue que, al final, alguien tan hosco al principio con todos nuestros sueños y nuestra historia, había acabado entendiéndonos de una puta vez. Cosas que pasan, que a veces pasan, como esta vez.

            Sevilla, 18 de noviembre de 2012.
Fdo. José Manuel Sánchez del Águila Ballabriga    

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Reseña de la conferencia "Las Campañas de Dionisio Ridruejo" en Sevilla

Con el salón principal del Excmo. Ateneo de Sevilla practicamente lleno, tuvo lugar el pasado día 9 de Noviembre el Acto Cultural en recuerdo a Dionisio Ridruejo organizado por las asociaciones culturales ADEMAN y Fernando III.

Intervinientes en el acto
Abrió el acto el vicepresidente del Ateneo, don Miguel Cruz Giráldez quien cedió posteriormente la palabra al profesor don Jose Manuel Cansino el cual, en una brillante, documentada y amena disertación, enmarcó la figura del poeta en su tiempo y sus controversias.

Aquilino Duque
 Posteriormente tomó la palabra el insigne escritor don Aquilino Duque, amigo personal del homenajeado,  el cual versó en una ponencia prolija y trufada de vivencias personales, la poliedrica personalidad del poeta soriano.

Aquilino Duque
 Concluyó el acto con un interesante coloquio a cargo de los ponentes y asistentes al acto.



Se adjunta enlace al audio completo de las conferencias y breve acompañamiento gráfico.

Presentación en Madrid de Menendez Pelayo, genio y figura

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lunes, 12 de noviembre de 2012

Dionisio Ridruejo, un siglo. Por Antonio R. Taravillo



No ha bastado su poesía, buena pero cincelada en mármol y por ello yerta con frecuencia, ni su excelente prosa. En España, para que te conmemoren has de ser de izquierdas: si desgobierna el PSOE, por sacar en andas a los propios y, sobre todo, quienes lo rebasan por la siniestra; si el PP, por tácito reconocimiento de inferioridad (las derechas suelen pensar más con la panza que con la inteligencia). El caso es que su centenario ha sido genuinamente español: con más pena que gloria.
            Prístino falangista, uno de los que arrimaron sílabas al himno más cantado en España durante décadas –no había tu tía–, Ridruejo estuvo siempre donde creía que debía estar, primero con esa figura sugestiva, José Antonio, y después contra Franco y su “acompañamiento coreográfico de nuestras camisas azules” (el primero dixit). A él no se le impuso una condena a muerte como a Hedilla (conmutada), pero sí el destierro, cosa también muy española desde el Cid a Unamuno.
            Una vez comí con García Berlanga: antes de saber que era librero y solicitarme ávida noticia de títulos sobre erotismo, una chispa como de hoguera antigua le saltó a los ojos al recordar sin remordimiento su paso por la División Azul, en la que conmilitó con Ridruejo. También aquel se sintió seducir una temporada por José Antonio, la encarnación española del fascismo y su inmediata superación. Los escritos del joven Primo de Rivera de 1935 (cuando lo conoció Ridruejo) y 1936 (luego ya no pudo evolucionar más, como muchos otros) lo acercan aunque con un fondo y puesta en escena bien distintos –eran los años treinta– a la idea que en los sesenta defendió Ridruejo: una suerte de democracia social.
Creía este que los españoles podían entenderse en un país más digno y justo. Y, traductor de El quadern gris de Pla, siempre favoreció el entendimiento del resto de España con Cataluña. Los mezquinos, los bobos le impidieron difundir cuando la toma de Barcelona octavillas en catalán como pretendía.
Hoy, en el Ateneo, Aquilino Duque disertará sobre Ridruejo, el escritor y el ejemplo de una forma de política no consistente en medrar sino en marchar por un ideal a Rusia o, purgado luego por nuestro Stalin menor, el Caudillo vitalicio, a la Siberia benigna de la serranía de Ronda. Allí, pienso, tendría presente al inmortal sordo de Fuendetodos, no por las corridas goyescas –posteriores–, sino por el recuerdo de esos compatriotas que en el cuadro famoso se atizan, obedientes en el lienzo al descalabro perpetuo de nuestra piel de toro.

(El Mundo, edición de Sevilla, 9-11-12)